lunes, 28 de julio de 2014

EN BÚSQUEDA DE NUESTRA AUTONOMÍA ¿Realmente somos independientes? ¿Tenemos motivos para celebrar?

En 1827 el presidente José La Mar iniciaba un largo ciclo de gobiernos caudillistas militares. Fueron casi 45 años de continuos golpes de estado, cambios de constitución e inestabilidad económica los que marcaron el inicio de la República peruana. La ausencia de una élite civil organizada incapaz de asumir la dirección de la República dejó la organización del Estado en manos de las dos instituciones hegemónicas de la época: la iglesia católica y lo militares. A lo largo del siglo XIX y XX la tradición militar y la presencia de la iglesia católica moldearon las estructuras sociales, culturales y políticas del país. 

Es así que esta larga tradición autoritaria ha definido la construcción del "ciudadano peruano". Por ello no resulta extraño observar que la mayoría de peruanos percibe como “mejor gobierno” algún gobierno militar o autoritario, Odría, Velasco y Fujimori son los favoritos. Como confirman las encuestas de Latinobarómetro (2013) los peruanos a nivel regional somos los menos entusiastas con la democracia, desconfiamos de las instituciones y estamos dispuestos a apoyar una dictadura antes que una democracia.
Pero que podemos esperar, si la tradición autoritaria nos ha atravesado. En la escuela, existen innumerables elementos autoritarios desde el profesor todopoderoso “Magister dixit” hasta cuando los estudiantes marcialmente se ponen de pie ante el ingreso de una “autoridad” al aula, pasando por el atropello que significa para un joven la “imposición disciplinaria” de la escuela al obligarlo a cortarse el cabello “corte escolar” o “corte militar”. Entre la infraestructura escolar, los cuarteles militares y los penales no existen muchas diferencias arquitectónicas, es característico los barrotes, los patios amplios, portones... Resulta ilustrativo además, que las más importantes reformas educativas de los últimos 60 años están asociadas a gobernantes militares. Bajo esta estructura se pretende formar ciudadanos autónomos y fomentar una cultura de paz. 

Entonces qué debemos esperar para estas fiestas, simplemente más muestras de esta tradición autoritaria: muchos sentirán orgullo al ver a los niños desfilar marcialmente en las escuelas y algunas calles de la ciudad, otros estarán atentos a la misa de Te Deum, la mayoría acudirá masivamente al desfile militar o al menos estarán expectantes por TV. Seguirán alimentando una tradición que es el principal obstáculo para desarrollo de nuestra autonomía. 

Están por transcurrir casi 200 años del inicio de nuestra República y nuestras instituciones democráticas siguen tan débiles como cuando iniciamos este camino. La democracia sigue siendo conceptualmente incomprensible para la mayoría de peruanos, la participación y responsabilidad cívica prácticamente ausente. La violencia social se incrementa, lo vemos en diversos espacios públicos, en el tránsito, las colas de los supermercados, bueno esta violencia es hija del autoritarismo enquistado en el alma del Perú y hermana de la criollada, de la pendejada, síntoma inequívoco del menosprecio a valores democráticos. ¿Realmente somos independientes?